¿Quién inventó el bingo?

Hoy vemos el bingo como algo totalmente implantado en nuestra vida. Un día cualquiera, podemos acudir a nuestra sala de Bingo Costa Verde más cercana, pedir nuestros cartones y jugar unas partidas tranquilamente en compañía de nuestros amigos. Pero ahí donde lo veis, el bingo es un juego con una historia larga, mucho más de lo que se podría pensar.

Y es que existen varias teorías sobre la creación de uno de los juegos de azar más entretenidos y emocionantes. Algunas fuentes afirman que procede de la época romana. Y como bien sabéis, por entonces no existía el sistema numérico que hoy empleamos en el bingo. Por esos tiempos, los jugadores de bingo iban completando una tabla de madera con diferentes símbolos y figuras. Al mismo tiempo, se iban cantando todas estas piezas. El primero que fuese capaz de completar esa tabla con las piezas cantadas, sería el ganador. Otros remontan el origen al tiempo de los bárbaros, que en base a su suerte en el juego calculaban la retribución que las aldeas debían pagar a los señores en diversos materiales de alto valor.

Sin embargo, la teoría que cobra más peso es la que remonta el origen del juego a Italia. En concreto a “Il Giocco del Lotto d’Italia”. Esta era una lotería que se jugaba semanalmente en el país transalpino, ya en el siglo XVI. La relación de este juego con el bingo se debe a los elementos que se utilizan para jugar.

Por entonces, para jugar a la lotería italiana, eran necesarias bolas numeradas, un bombo y cartones. Una mecánica muy parecida a la del bingo, con la gran diferencia de que era lotería. Es decir, la gente la compraba pero jugaba desde casa, no existía ese componente social que hace al bingo especial.

De darle ese matiz ya se ocuparon los franceses, y fueron los pioneros en cantar en voz alta los números del bingo. Por entonces, el juego tenía la característica de ser accesible únicamente para la alta aristocracia gala. Es decir, tan solo una pequeña minoría podía disfrutar del bingo, que por entonces era llamado Le Lotto. Además, el premio no era una cantidad de dinero, el pago era más bien “en especie”. Objetos muy preciados por la sociedad francesa del momento eran la recompensa a una buena partida.

Resultado de imagen de beano game

Y una vez llegados aquí diréis, ¿y de dónde viene el nombre del bingo? Pues el bautizo lo organizaron los americanos. Le Lotto atravesó el océano hasta que en Estados Unidos adoptaron su mecánica para crear el Beano. Un nombre que se debe a que los números del cartón no se tachaban con tinta, sino que se colocaba una alubia (en inglés bean) encima de cada número cantado. El que ganase gritaría ¡BEANO!

Pues bien, el cambio final en el nombre se lo debemos a un amigo de Edwin Lowe, un vendedor de juguetes de Nueva York. El hombre estaba tan emocionado a punto de ganar su partida de beano, que cuando salió su último número prácticamente no podía ni vocalizar. De su tartamudeo salió una palabra diferente: ¡bingo! Y lo demás es historia.